Cómo elegir el color y la textura del acabado del SATE
Actualizado el 14 de septiembre de 2026
El acabado del SATE se elige combinando color, textura (raspado, fratasado, gota, liso) y tipo de mortero (acrílico, silicona, silicato, mineral). Los colores claros y medios funcionan mejor porque absorben menos calor y sufren menos dilatación térmica. Los colores oscuros (índice de reflexión < 25) pueden causar fisuras por sobrecalentamiento del aislante. Las texturas gruesas disimulan mejor las imperfecciones; las finas dan un acabado más limpio pero exigen una ejecución más cuidada. El sobrecoste entre un acabado básico y uno premium puede ser de 3 a 8 €/m².
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Tipos de textura
Raspado (también llamado rayado). La textura más habitual en SATE. El mortero se aplica y se raspa con llana dentada, creando surcos irregulares. Disimula bien las juntas y las pequeñas imperfecciones. Viene en grano fino (1–1,5 mm) o grueso (2–3 mm): el grueso oculta más, el fino da un aspecto más elegante.
Fratasado. Se aplica el mortero y se alisa con fratás de plástico o esponja, dejando una superficie uniforme con textura suave. Aspecto más limpio que el raspado, pero muestra más las irregularidades del soporte. Requiere una capa base muy plana.
Gota (proyectado). El mortero se proyecta con máquina, creando una textura rugosa. Es la opción más rápida y económica, pero el resultado estético es inferior. Se usa más en fachadas traseras, patios o medianeras donde la estética no es prioritaria.
Liso (estucado). La textura más fina y más difícil de ejecutar. Requiere varias capas delgadas, alisadas con llana de acero inoxidable. El resultado es elegante, pero cualquier defecto se ve, y el riesgo de microfisuración es mayor. Pocos instaladores lo dominan sobre SATE.
Tipos de mortero de acabado
Acrílico. El más económico y el más utilizado. Buena elasticidad, amplia carta de colores, fácil de aplicar. Limitación: menor transpirabilidad y menor resistencia a la suciedad biológica (algas, hongos) en zonas húmedas.
Silicona. Más caro que el acrílico (entre 2 y 4 €/m² más). Hidrofóbico: repele el agua de lluvia y se ensucia mucho menos. Muy recomendable en fachadas expuestas a lluvia batiente y en zonas costeras.
Silicato. Base mineral con ligante de silicato potásico. Muy transpirable y resistente a los hongos. Carta de colores más limitada (tonos minerales, sin colores saturados). Buena opción para edificios en centros históricos donde se busca un acabado mineral.
Mineral (mortero de cal o cemento). El más transpirable y el más parecido a un revoco tradicional. Se pinta después con pintura de silicato o cal. Estética muy natural, pero requiere mantenimiento (repintado cada 8–12 años). Habitual en rehabilitación de edificios con valor patrimonial.
El color: más importante de lo que parece
En SATE, el color no es solo estética: afecta al comportamiento térmico del sistema. Un color oscuro absorbe más radiación solar, calienta más la superficie del acabado y puede provocar dilataciones excesivas del aislante, especialmente del EPS. Esto genera tensiones que derivan en microfisuración.
La regla práctica: el índice de reflexión luminosa (HBW) del color debe ser igual o superior a 25. Por debajo de 25 (negros, marrones muy oscuros, azules intensos), el riesgo de patología aumenta significativamente. Los fabricantes de sistemas SATE certificados indican el HBW de cada color en su carta.
Si el color deseado es oscuro, hay soluciones: pigmentos con tecnología TSR (Total Solar Reflectance) que reflejan más radiación infrarroja manteniendo el color visible oscuro. Son más caros, pero permiten usar colores que con pigmentos convencionales serían problemáticos.
Qué dice la ordenanza municipal
Muchos ayuntamientos tienen una ordenanza de estética o una carta de colores obligatoria, especialmente en centros históricos y conjuntos protegidos. Antes de elegir el color, consulta la normativa urbanística del municipio. En algunos casos, el color debe aprobarse expresamente por la comisión municipal de patrimonio.
Cuánto cuesta la diferencia de acabado
El acabado más económico (acrílico, raspado grueso, color estándar) puede costar entre 8 y 12 €/m². Un acabado premium (silicona, fratasado fino, color con tecnología TSR) puede llegar a 16–20 €/m². En un edificio de 600 m² de fachada, la diferencia entre un acabado básico y uno premium es de 3.000 a 6.000 €. Merece la pena invertir en el acabado si la fachada es visible, orientada al sur o a la costa, porque el resultado se nota durante 20–30 años.
Si tienes dudas sobre tu caso concreto, llama al 964 95 94 17 y te lo resolvemos en cinco minutos. El estudio de fachada no tiene coste.
Preguntas frecuentes
¿Se puede cambiar el color del SATE después?
¿El color blanco es el mejor para SATE?
¿Puedo elegir colores diferentes por fachada?
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